
«Uno es fuego, dos es sangre.
Tres tormenta y cuatro agua.
Cinco es ira, seis rencor.
Siete es miedo, ocho es horror.
Nueve es pena, martirio es diez.
Once es muerte, doce vida otra vez.
Trece pasos hasta la casa del Oscuro.
De allí no volverás, esto es seguro.»
Esta es la canción que los niños de Redford invocan en un juego muy peligroso: las huellas del diablo. La leyenda dice que en el bosque hay trece piedras, y que si las atraviesas mientras cantas la canción, el Oscuro te llevará. Es un juego siniestro, pero también muy entretenido. Los niños lo adoran.
Pero parece ser que nadie (niños, adultos, policías, etc.) en el pueblo nota algo sumamente importante: la desaparición continua de niños, que parece ser norma desde hace décadas. O quizá sí la notan, y es tal y como cree Bryan: todos prefieren ignorarla, actuar como si no pasara nada. Todo con tal de no atraer la atención del Oscuro.
Y en vista de que los adultos intentan ignorar lo obvio, tres chicos deben dar un paso al frente para terminar con las desapariciones.
Bryan, un chico de 13 años (y no de 15, como menciona erróneamente la contraportada del libro) vio a su hermano mayor Adam desaparecer en las garras del Oscuro hace 5 años, cuando Adam tenía diez. Desde entonces, nada ha vuelto a ser lo mismo en su hogar. Sus padres son como zombis, no le prestan atención y parece que no viven. Solo existen. Y para empeorar la situación, Bryan ha sentido al Oscuro a cada vuelta de la esquina durante los últimos y largos 5 años.
Stephen, a quien los chicos del colegio llaman Smokey, estuvo a punto de caer en las garras del Oscuro cuando buscaba a su hermana pequeña en una gasolinera abandonada, y es el primero en el pueblo en violar el silencioso pacto de no hablar con nadie sobre el Oscuro.
Cuando se une a Bryan para intentar encontrar solución al misterio, el Oscuro los pone en la mira y les tiende varias trampas. Pero por suerte estos niños no estarán del todo solos, ya que Jake, un chico de 15 años, también ha iniciado su propia investigación a raíz de la desaparición de su mejor amiga. Pero aunque Jake es mucho más sereno y maduro, y quizá por ello no ha sentido la influencia del Oscuro, pronto también experimentará en carne propia el terror que encierra el juego infantil de Redford.
Mansiones y bosques embrujados, fantasmas de niños torturados de la forma más cruel, lobos y demás criaturas los esperan, y todos tienen algo en común: son los miedos de los niños que han caído por este espíritu maligno, miedos de los niños que todavía habrán de caer en sus garras. Todos son el Oscuro, y Bryan y sus nuevos amigos han de encontrar la manera de derrotarlo para que no mueran más niños en todo el pueblo de Redford.
Mi valoración
Apenas empecé a leer el libro, lo sentí: el Oscuro. ¡Pero qué miedito!
Aunque ya antes he leído un libro que utiliza esta misma fórmula de chicos uniéndose para combatir una fuerza maligna superior a ellos, utilizando como únicas armas de protección y ataque su fuerza de voluntad y su amistad (libro al que hago referencia: EL QUINTO REINO), la verdad es que este libro aporta algo más a la trama, algo que en realidad todas las novelas deberían tener: la lucha de los protagonistas para enfrentar y derrotar sus propios fantasmas.
Sé que al leer esta novela consumí una estructura tradicional con otro empaque, pero de verdad que en esta ocasión repetir la fórmula ha estado genial. La redacción es tan precisa, con un adecuado uso del lenguaje, que incluso hoy no me atrevo a leer en voz alta la canción del Oscuro. Me he metido de lleno en la historia.
El ritmo es excelente. “LAS HUELLAS DEL DIABLO” es una novela corta (unas 200 páginas), pero en esas poquitas páginas sucede tanto, y tan real y creíble, que es bastante difícil soltar el libro. No hay quejas de parte mía, salvo…
… un tanto la construcción del personaje principal. Como mencioné más arriba, me ha gustado que la trama no se centra únicamente en la destrucción del Oscuro, sino también en la superación de fantasmas personales. Algo que toda novela con buenos personajes debe tener.
Pero la lucha interna de Byan es tan evidente, que no deja lugar para la sorpresa. Por más miedo que transmita el Oscuro, las necesidades de Bryan están tan marcadas que sí o sí llegará a satisfacerlas en su momento. No es que estén sutilmente pinceladas, ¡sino que todo el libro grita que Bryan necesita que sus padres lo amen, le presten atención y superen la muerte de Adam para que él pueda hacerlo también! Esto sale así, LI-TE-RAL.
Y, tras de todo, este grito de atención se repite tanto que resulta molesto para el lector. Al menos yo ya a la tercera mención (de entre unas cuatrocientas) estaba HARTA. ¡Pero qué chico tan molesto! Solo cuando separa su mente de estos problemas es cuando lo vemos brillar. La continua repetición de sus problemas mete ruido a la trama principal.
No obstante, el enfrentamiento entre el Oscuro y esta necesidad de Bryan está muy bien construido, y consigue crear ese momento de calma indispensable para una novela única, donde los cabos se atan para cerrar el libro. Aunque pienso que todavía quedaron algunas cosillas por cerrar adecuadamente, pero como lo principal concluye como debe ser, lo dejaré pasar por esta ocasión xD
Total: 9/10


Es una interesante construcción, donde el miedo, el amor y la amistad se mezclan bastante bien.

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