«Sé que fui malo», dijo la vocecilla que no usaba palabras. «Pero ¡anda! ¡Déjame salir! Quiero jugar. ¿No quieres jugar conmigo?». La criatura sonrió. Al igual que sus ojos, su boca estaba formada por una sombra o un tinte más oscuro que el resto de las arenas. Pero cuando la pequeña bestia esbozó su sonrisilla, esas sombras se ampliaron y le dieron la forma de una boca con dientes puntiagudos y largos. No era una sonrisa hermosa, sino horriblemente macabra. «Sí, juguemos juntos», dijo de forma aduladora y tenebrosa. «Prometo no lastimarte, princesa de las Arenas».
Capítulo 15
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*15*
*VIRTUOSAS*
Sakti corrió la puerta y entró al compartimiento. Dill todavía dormía con
los brazos cruzados sobre el pecho y con la cabeza recostada a...

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